martes, 27 de mayo de 2008

RESUMEN DE LA OBRA “CÓMO EDUCAR LA VOLUNTAD”

DE FERNANDO COROMINAS
Novena Edición Revisada y Aumentada
PARTE PRIMERA A
LA EDUCACIÓN TEMPRANA
Capítulo I:
LA EDUCACIÓN DE LA VOLUNTAD
.
El bien es lo propio de la voluntad o dicho en otras palabras: la tendencia natural de la Voluntad es hacer el bien.

En el campo de la educación familiar han empezado a producirse cambios. Hasta ahora los objetivos principales de algunos padres preocupados por la educación de su hijo ha sido: Que saque buenas notas y domine ciertas materias. Cuando sea mayor que termine una carrera y obtenga algunos grados académicos.

El saber, es el objetivo y el saber tiene su sede en la inteligencia.

Los nuevos tiempos nos traen objetivos más amplios. Para saber hay que querer saber.

El objetivo estará centrado en el QUERER.

Que nuestros hijos: quieran estudiar, ser constantes, ordenados, obedientes y responsables. Si esto se consigue no habrá problema con el saber.

La persona quiere por medio de la voluntad. El querer tiene su sede en la voluntad. Con voluntad sana y fuerte se logran los mayores objetivos. Por tanto, lo importante es que nuestros hijos sean personas libres y responsables. Si lo son, lograrán los reconocimientos necesarios que confirman los estudios realizados.

La inteligencia se desarrolla en la familia y en la escuela, con más intensidad en los ocho primeros años de vida. La voluntad se forma básicamente en la familia y los valores se adquieren en la convivencia familiar. Los padres pasan a ser los protagonistas de la formación de sus hijos.

Las nuevas pedagogías aportan medios que hacen más sencillo educar.

Las seis áreas de la educación de la voluntad

Las nuevas pedagogías desarrollan la educación de la voluntad en 6 áreas

1. La educación temprana. Se basa en el conocimiento de los períodos sensitivos, como cimiento de crecimiento de la persona y de su educación.
2. La educación eficaz. Enseña a crear Sinergia Positiva en el interior de la persona, basada en la actitud positiva y en el logro de buenos resultados.
3. La educación preventiva. Enseña a prevenir con buenos hábitos antes que curar cuando se han adquirido malos. Es más sencillo crear una virtud cuando no existe el vicio.
4. La educación con el ejemplo. Es necesaria en una buena educación. Enseña a los hijos a se ser buenos mediante el cultivo de virtudes con el mejor ejemplo de los padres. Visto en su esfuerzo por ser mejores y en la lucha de toda la familia por mejorar bajo los mismos objetivos, como realización de la teoría “Z”.
5. La educación motivada. Enseña a educar por medio de los estímulos sobre todo espirituales. Los premios y castigos tienen que corresponderse con lo que queremos premiar o castigar. El mejor premio a una buena acción es la acción en sí misma y su reconocimiento.
6. La educación personalizada. Tenemos que conocer bien a nuestros hijos y luego aprender a educar a cada uno según convenga a su forma de ser.

Los planes de acción
Los planes de acción son las herramientas utilizadas para ayudar a nuestros hijos a adquirir hábitos y virtudes. Se pueden clasificar en tres apartados:
1º Planes de Acción “consecuencia” de un pasado.- Surgen en un momento, como consecuencia de una mala acción, comportamiento o actitud. Se actúa sobre un hecho pasado a corregir.
2º Planes de acción vividos en el presente. Orientados a mejorar las relaciones, facilitar una buena convivencia y estimular las virtudes familiares.
3º Planes de acción dirigidos al futuro. Definidos por objetivos a mediano y largo plazo para conseguir un hábito o virtud.

Capitulo 2
LA EDUCACIÓN TEMPRANA

Tratándose de la voluntad, ¿qué es la educación temprana?.
“Es estimular especialmente un valor o una virtud en su período sensitivo”.
“Es conseguir una mejora personal en un momento idóneo.

¿Qué es un período sensitivo?
Es el momento en que el desarrollo evolutivo de las capacidades de la persona facilitan y potencian determinados aprendizajes para los cuales, biológica o Psicológicamente, se está en mejores condiciones.

El cerebro y la educación.

La persona no puede aceptar, ni desarrollarse sobre estímulos no recibidos. De aquí se deduce la importancia de la educación temprana. Desde la gestación hasta los 8 años, aproximadamente, el enriquecimiento del cerebro es una consecuencia de las conexiones que se efectúan entre las neuronas.

El cerebro también puede enriquecerse perfeccionando sus conexiones neuronales. Este proceso caracteriza los períodos sensitivos en la segunda parte del desarrollo de la persona desde los 9 años hasta la madurez.

Educación temprana es educar conociendo el mejor momento, el más oportuno cuando un hábito es más fácil de aceptar y asumir.

No es condición suficiente recibir los estímulos. La persona -ser libre y responsable- debe querer aprenderlo. Por medio de las motivaciones se puede hacer más fácil el deseo de aprender.

La voluntad tiende a querer la belleza, la voluntad y el bien.

Las neuronas estimuladas después del nacimiento del ser están en mejores condiciones de responder frente a las que no lo son. La estimulación puede realizarse en dos formas diferentes:

Primero, aumentando las conexiones entre las neuronas. Segundo, fortaleciendo y enriqueciendo las conexiones ya establecidas. (Entre los 9 y 18 años)

-La influencia de los padres
Lo que los hijos puedan ser está en gran medida en manos de los padres. Pero siempre dependerá que ellos quieran serlo. La influencia de los padres en la forma de motivar, hará más fácil la decisión de sus hijos.

Los primeros estímulos los dan los padres. Quienes deben tener en cuenta que cada una de las especialidades demanda tiempo de aprendizaje y concentración. Ambas limitadas más allá de lo cual la persona se niega a seguir aprendiendo.

No se puede abarcar todo. La mayor parte de los periodos sensitivos suceden antes de los 10 años. Con más intensidad antes de los 6 años.

Los padres tienen libre responsabilidad de responder por los hijos. La aceptación por estos depende en gran parte de la motivación.

-La estimulación física
A toda persona le gusta hacer lo que hace bien, tendremos que facilitarle los medios.
Dependerá también de sus características naturales genéticas.

-La estimulación intelectual.
El desarrollo intelectual es el resultado de tener estímulos y motivación correcta. En cierta forma es independiente de la genética de las neuronas.

Trataremos algunos períodos sensitivos, referidos a la voluntad, que representan el momento más temprano para ayudar a potenciar un hábito, un valor o una virtud:
El orden de 1 a 3 años, la obediencia de 3 a 6 años, la generosidad de 6 a 9 años, la laboriosidad de 8 a 12 años, la solidaridad de 12 a 15 años, la lealtad de 14 a 18 años.

La voluntad se apoya en la inteligencia para adquirir hábitos o virtudes.

Cuando hablamos del desarrollo del cuerpo o de la inteligencia nos referimos a la Estimulación Temprana, reservado a la voluntad el término de Educación temprana.

Las aptitudes y la forma de ser de las personas, en su mayor parte no son hereditarias. Se adquieren en la convivencia, gracias a los estímulos recibidos, principalmente durante los períodos sensitivos.

La educación de la voluntad.

Al ser propio de la voluntad la capacidad de decidir, si una persona quiere es más fácil modificar los resultados. Igual podemos adquirir habilidades y hábitos.

El período sensitivo del orden lo viven los hijos en sus primeros tres años. Si sabemos motivarles.

Cuando tenga uso de razón le motivaremos a querer ser ordenado, estamos en el camino de que adquiera la virtud del orden. A partir de entonces le gustará más ser ordenado.

De forma similar, aunque diferente en el tiempo y en la forma, podemos ayudarle a ser: estudioso, obediente y responsable…

De la misma forma un niño puede aprender a ser en el colegio: ordenado, generoso, obediente… Y al mismo tiempo puede ser desordenado, egoísta y desobediente en su casa y con su familia.

Puesto que en el periodo sensitivo correspondiente, recibió estímulos diferentes en el colegio y en su casa, y aprendió a comportarse de modo distinto en ambientes diferentes.

Elegir una de las dos y adoptarla como su forma normal de ser depende de su motivación interna y de su formación moral, elegir una de las dos.

Cambiar a uno u otro comportamiento será más fácil por haberlo vivido en sus primeros años, y eso es válido para mejorar o empeorar su forma de actuar.